Mateando con Faulkner

. martes, 15 de diciembre de 2009
  • Agregar a Technorati
  • Agregar a Del.icio.us
  • Agregar a DiggIt!
  • Agregar a Yahoo!
  • Agregar a Google
  • Agregar a Meneame
  • Agregar a Furl
  • Agregar a Reddit
  • Agregar a Magnolia
  • Agregar a Blinklist
  • Agregar a Blogmarks




William Faulkner (1897-1962) es uno de los personajes más influyentes de la literatura y en el ámbito hispano es bien visible en autores tan distintos como Juan Benet, Onetti, Vargas Llosa o Muñoz Molina. El fragmento es de Las palmeras salvajes y la traducción de Borges.






Wilbourne le cuenta a Mc Cord por qué se muda, porqué cambia lo que posee por una promesa en otro sitio.

-Sí. Eso es… Decencia, eso era lo que me decidió. Hace poco descubrí que la haraganería engendra nuestras virtudes, nuestras más tolerables cualidades; contemplación, ecuanimidad, pereza, dejar en paz al prójimo; buena digestión mental y física; la sabiduría de limitarse a placeres carnales: comer y defecar y fornicar y sentarse al sol, porque no hay nada mejor, comparable, ninguna cosa mejor en este mundo sino vivir por el corto tiempo en que se nos presta aliento, estar vivo y saberlo (ah, sí, ella me enseñó eso, me marcó también para siempre) nada, nada. Pero hace poco he visto claro, sacando la conclusión lógica, que una de las virtudes primordiales (ahorro, aplicación, independencia) engendra otros vicios (fanatismo, entremetimiento, suficiencia, miedo y lo peor de todo, decencia). Nosotros, por ejemplo. Porque el hecho de ser solventes por primera vez, de saber con seguridad de dónde vendría la comida de mañana (el maldito dinero, demasiado, de nohce nos quedábamos despiertos planeando cómo gastarlo; para la primavera ya andaríamos con prospectos de compañías de vapores en los bolsillos) me había esclavizado y entregado a la decencia como cualquiera.

11 comentarios:

Jolene dijo...

Me gustó el texto como la panza de Faulkner haciendo alarde de lo que dice. Ahora quiero que expliques el diálogo entre éste y los miles de dioses :)

pio dijo...

Es un diálogo, vos lo dijiste, pero uno de esos diálogos que se dan en la playa o debajo de un árbol. Los dos hablan de lo mismo: de aflojase, de pensar menos, de ser un poco más feliz y un poco más animal; porque la felicidad humana es imposible de conseguir y en cambio, la felicidad animal (si bien requiere un largo proceso de aprendizaje) es más alcanzable; y si hablamos de asuntos del alma, no hay una felicidad más plena que otra: si sos feliz, sos feliz y listo.

pio dijo...

Igual, es media careta mi explicación, porque el chiste de todo esto es justamente dejar de explicar.

franco dijo...

No te perdono y sí.
No, por careta y porque con esto me agregás un libro a la lista de las cosas para leer (y ya me había comprado El Villorio, de Faulkner, para estos días y la lista es infinita y las vacaciones cortas).
Sí, porque ví ésta foto y me trajo buenísimos recuerdos ustedes tres y el campamento.

pio dijo...

Alta foto.

franco dijo...

Muy, muy linda.

¿Lesbiana? dijo...

Lei una novela de él y no me gustó. Pero el tipo experimentó tanto que uno no puede dejarse llevar por sólo una novela. Ya leeré más.

¿m? dijo...

dealers! ando necesitando a una tal Idea Vilariño, en especial un poema que en algún momento dice: mi vida en demasía... plin plin plin... o algo así ¿habrá? ¿o cuándo estarán trayendo? viene de Uruguay, no creo sea muy difícil pa´ conseguir ¿o sí?
a buscar...
saLute

franco dijo...

La verdad que yo no registro eso... de ella leí solamente los Poemas de amor, y no se me grabó eso que vos decís, si es que está ahí jjaj
Te dejo acá el libro (yo lo leí en la computadora).
Suerte en la persecución de esos versos malditos que quedan resonando en el cráneo.
Un abrazo

m! dijo...

ahh bueno, seguiré buscando sin descanso pues.
gracias igual eh!

Jolene dijo...

Casualidad-mente, entro a akahatá después de un montón para subir textos de Idea Vilariño, y me encuentro con este comentario. Así que como una dealer que llega bastante tarde con el pedido, te invito a que leas.